El otro día me topé con una frase que decía: Todos somos artistas hasta que toca pagar la renta.
Es una frase que me recordó que todos guardamos un artista dentro nuestro lleno de creatividad y que tal vez si no fuera por las demandas del mundo como lo concebimos, todos tendríamos un libro por escribir, una pintura por crear o, simplemente, algo artístico por sacar al mundo.

Durante la pandemia, una amiga me introdujo al concepto de arte terapia. Me obligó -literalmente- a tomar papel y lápices, marcadores o lo que fuera que yo tuviera al alcance y poco a poco me ayudó a retomar una pasión que tenía dormida desde la niñez: el arte. Comencé a dibujar o pintar no con fines estéticos, sino como algo meditativo, tratando de darme un espacio de calma en medio del caos. Tiempo después, me animé a tomar clases de acuarelas y me sorprendí cuando mi único compañero ese día fue un jovencito con autismo. La profe me contaba que ella le daba clases hace tiempo para ayudarlo con su concentración y creatividad. Él mismo contaba lo difícil que le era sentarse en el colegio todo el día, pero en esa hora de puro arte se lo veía libre, suelto, contento. Me impresionó ver el arte utilizado de esta manera.
Lo que me di cuenta retomando el arte fue que hace muchos años no probaba algo totalmente nuevo por el simple placer de intentarlo, que no me daba esa oportunidad de probar y fallar en el proceso de crear. Sin expectativas, solo prueba y error. En otro intento por seguir desarrollando mi lado creativo, tomé clases de cerámica y en una de las primeras reuniones, mi profesora me explicó que al moldear una pieza siempre tenemos que hacer “costuras”, una manera de unir la arcilla y prevenir que aparezcan grietas más adelante en el proceso “Si no cuidas la arcilla a medida que vas avanzando -me dijo-, en algún punto del proceso esa grieta va a aparecer de nuevo y la pieza podría quebrarse a la hora de llevarla al horno”. Me pareció una bella analogía del autocuidado. Muchas veces pensamos que es imperativo seguir, que no hay tiempo para hacer una pausa y mirar hacia adentro aquello que duele, pero mientras más ignoramos esa pequeña grieta, más profunda se hace. La cargamos con nosotros sin siquiera darnos cuenta.
La arteterapia es un término utilizado por primera vez por el artista Adrian Hill en 1942, quien durante su estancia en un hospital tratando de recuperarse de tuberculosis comenzó a dibujar y propuso que el arte podía tener efectos sanadores a nivel físico y psicológico. Hoy en día, la arteterapia se utiliza para muchísimos fines, desde el desarrollo infantil hasta para ayudar a pacientes con cáncer a procesar sus emociones. En un artículo publicado en el Journal of Health Psychology en 2006, un grupo de psicólogos evaluó la experiencia de 17 mujeres que habían sido diagnosticadas con cáncer de mama y que se dedicaron a diferentes proyectos artísticos para sobrellevar su diagnóstico. Una de ellas explicó cómo el arte es algo que muchos pacientes pueden continuar haciendo a pesar de las limitaciones físicas presentadas por la enfermedad. Muchas de las participantes expresaron la necesidad de utilizar el arte como un medio para sacar la frustración, la ira o el dolor. Sarah, otra de las pacientes en el estudio, compartió cómo empezó a hacer un edredón durante su tratamiento. Dedicarse a este proyecto la hizo sentir -en sus palabras- que el cáncer no le había quitado todo y que más allá de ser solo una paciente, era también una creadora.
Vivimos tiempos de incertidumbre. No solo en nuestro país. Pareciera que donde uno vuelque la mirada, la paz y la democracia que se suponían caracterizarían al siglo XXI penden de un hilo. Y en estos periodos de tensión e inestabilidad, el arte puede ser un gran salvavidas. Una herramienta simple, accesible, que despierta nuestra creatividad y nos ayuda a afrontar problemas desde otra perspectiva. Todos alguna vez nos hemos sentido tocados por una obra, principalmente tal vez porque el arte tiene esa capacidad de hacernos sentir que alguien comprende una experiencia única de nuestras vidas. El arte nos ayuda a sentirnos vistos y el proceso de crear es uno que nos puede ayudar a expresar aquello para lo que tal vez las palabras no alcanzan.
Incluso el simple hecho de mirar arte es algo que he encontrado muy satisfactorio y útil para despertar la creatividad. Exposiciones como las de Manzana 1 en el centro siempre son un buen lugar para empezar.
Aiana Martínez Dabdoub
Miembro Sociedad de Evolución Empresarial Responsable - SEER








































































































































